Agencia Reforma

Monterrey, NL 23 septiembre 2026.- Aunque los fundadores se asentaron junto a los Ojos de Agua de Santa Lucía, en 1611 una gran inundación los obligó a reubicar la Ciudad.

 En septiembre de 1636, el cronista Alonso de León registró que «se abrieron las cataratas del cielo», destruyendo casi todas las casas e iglesias, embate repetido en 1637.

 Desbordamientos de los ríos Santa Catarina, Santa Lucía, La Silla y Pesquería se registraron en los siglos 17, 18 y 19. El crecimiento agravó la insalubridad: las aguas estancadas y los desechos arrojados en ellas se asociaron a severas epidemias en 1798, 1803, 1814 y 1815.

 Se crearon la Presa Grande y la Presa Chica (ambas sobre la actual Juan I. Ramón). Sobre el puente de la Presa Grande se colocó una imagen de la Purísima, y a sus márgenes la primera alameda regia (sobre la actual 15 de Mayo).

 En 1867, para evitar empantanamientos, el Dr. José Eleuterio González «Gonzalitos» promovió canalizar el Santa Lucía, obra financiada por accionistas de la Comunidad de Agua. Para 1880, sus muros de sillar alojaban multitud de lavanderas.

 Pero la industrialización mermó el caudal. Para 1909, fábricas como Hércules (en la hoy calle González Ortega), tenerías y talleres retenían o desviaban el agua.

 En 1919, la extracción subterránea de la Compañía de Agua y Drenaje en el poniente casi agotó el Ojo de Agua Grande.

 Aún en los 40 la Sociedad de Historia festejaba los aniversarios de la Ciudad bajo la arboleda de los manantiales del poniente, entorno que desapareció en 1957 con la creación del Obelisco.

 Las grandes avenidas de agua continuaron en 1881, 1909, 1938, 1967 (Beulah), 1978, 1988 (Gilberto), 2005 (Emily) y 2010 (Alex).  Hoy, con el crecimiento metropolitano, el suministro requiere traer el vital líquido desde fuentes cada vez más lejanas mediante presas y pozos profundos.