Pedro Peñaloza

Sólo la complicidad puede salvarlos.

Mario Benedetti

A casi dos años del secuestro-extracción de Ismael El Mayo Zambada (24 de julio de 2024), apenas el gobierno mexicano se entera de las características de la nave que lo trasladó de territorio mexicano a Santa Teresa, Nuevo México, y de la participación directa de agentes del FBI.

La fuente de esta información no es la FGR ni una instancia oficial de inteligencia o seguridad mexicana; de ninguna manera. Se trata de un trabajo periodístico de Luis Chaparro en Pie de Nota (02/07/26).

Es decir, estamos en presencia de la confesión pública de que el gobierno mexicano, la Presidencia y todas las instituciones gubernamentales no pudieron encontrar respuestas a un hecho de relevancia internacional, con un impacto penal, político y social.

Es grave la muestra de “ingenuidad” de la presidenta Sheinbaum al acusar al exembajador Ken Salazar de no decirle la verdad sobre el operativo. Es más que ingenuo que el gobierno tenga como única fuente lo que diga el representante estadounidense. Es ridículo justificar su incapacidad y sentirse traicionado por una nación que basa sus relaciones internacionales en el conflicto y la guerra.

La bitácora que leyó Rosa Icela Rodríguez en “La Mañanera” no aportó nada nuevo. Por ejemplo, no mencionó la secuencia de la captura de Zambada, narrada por el propio narcotraficante. Olvidó, en la crónica de los hechos, el asesinato de Héctor Melesio Cuén y su cita con el gobernador Rubén Rocha Moya, donde fue secuestrado El Mayo, así como la farsa que montó la Fiscalía del Estado de Sinaloa para ocultar el lugar del asesinato del exrector y la desaparición de los escoltas del narcotraficante.

La FGR parece ausente, sin datos ni investigación de los hechos. Se sabe que puede darse un balazo en el pie. Tal vez porque ello la llevaría a toparse con el exgobernador de Sinaloa. Por supuesto, nadie puede avalar las intervenciones estadounidenses en nuestro país; tampoco se debe defender el contubernio del morenismo con la delincuencia organizada.

La doble moral oficial. Por un lado, se pide a EU que transparente toda la información del caso, pero en el país se ha hecho todo lo posible por ocultar cualquier evidencia. ¿Qué se oculta? El discurso “nacionalista” se está agotando. La defensa de los narcopolíticos como sinónimo de defensa de la soberanía es cada día más anémica.

La dominación del imperio del norte exhibe a una clase política que suplica la permanencia del tratado comercial y acepta, sin chistar, la revisión anual. La desconfianza de la Casa Blanca se profundiza y, en Palacio, únicamente se envuelven en la bandera. ¡Patéticos!