Monterrey, NL 6 noviembre 2026.- Cuando Xavier Moyssén Lechuga entregó la biblioteca personal de su padre a la UDEM, su hijo Xavier Moyssén Álvarez preguntó por qué donaba los libros de su abuelo, a lo que el difunto crítico de arte respondió: «Porque los libros son para usarse».

 Dichas palabras fueron recordadas la tarde de ayer por Moyssén Álvarez, quien ahora donó el acervo literario del investigador a la institución donde fue catedrático por más de 25 años.

 «El uso verdadero de los libros y de los materiales que estamos donando yace en quienes los lean, yace en que los estudien y yace en que los aprovechen para construir una mejor sociedad», indicó.

 El evento, realizado para concretar el donativo, fue celebrado en la biblioteca central del campus universitario, contando con la presencia de Alejandra Álvarez Cabrera, esposa del crítico, y del Rector Eugenio Garza y Garza.

 La ex Secretaria de Cultura de San Pedro agradeció a la UDEM por aceptar el acervo, del cual resaltan 2 mil 788 libros impresos, mil 744 entradas de blog, 93 columnas de opinión y 37 conferencias transcritas.

 «Me siento eternamente agradecida con Xavier», dijo su esposa. «No solo por haber compartido mi vida con él, sino por el papá, maestro, amigo, colega y ser humano que fue. Siempre le llamaré mi eterno maestro».

 Garza y Garza destacó el valor simbólico de la donación, recibiendo el patrimonio intelectual como una muestra del compromiso institucional y educativo del profesor.

 «En cierta forma, una biblioteca es como una autobiografía y creo que eso es precisamente lo que hoy estamos recibiendo con este acervo del maestro: no solamente una colección de libros, sino el testimonio de toda una vida dedicada al estudio».

 Los familiares de Moyssén Lechuga reconocieron la labor de Alan Hernández, quien dedicó un año y medio a catalogar y clasificar aquellos contenidos que fueron recopilados durante 40 años.

 Hernández, jefe de Proyectos Educativos y de Investigación Histórica del municipio de San Pedro, aseguró que la constancia y la gratitud eran dos de las principales virtudes que el maestro ostentaba.

 «Cuarenta años de carrera profesional no se logran de la noche de una manera sin constancia, sin gratitud y si me permiten, sin pasión», expresó.

 Moyssén Álvarez mencionó que para su padre, contribuir a la enseñanza de las nuevas generaciones fue más una vocación que una profesión, pues nunca dejó de lado su trabajo como educador.

 «No hay mejor manera de seguir honrando la vocación a la cual dedicó su vida, que seguir dándole vida nueva, ojos nuevos, lectores nuevos y mentes nuevas a esta colección especial», evocó.