Monterrey, NL 25 septiembre 2026.- Previo al Día Nacional de la Donación de Órganos, especialistas destacan la importancia de fomentar el registro de donantes.

«Tenemos dos tipos principales de donación de órganos y tejidos: en vida y después de la vida», señala María del Rosario Muñoz Ramírez, coordinadora del Capítulo de Donación y Trasplantes del Colegio Mexicano de Medicina Crítica.

«En vida se pueden donar órganos pares como el riñón, o segmentos de pulmón, hígado, intestino o páncreas».

A nivel mundial, el riñón es el órgano con más personas en lista de espera para un trasplante.

También se pueden donar en vida tejidos como sangre y plaquetas, que ayudan en emergencias y cirugías, así como médula ósea, usada en enfermedades graves como cáncer.

«En vida», detalla Muñoz, «los niños sólo pueden donar médula ósea con el consentimiento de sus padres».

TRAS LA MUERTE

Los órganos y tejidos que se pueden donar tras la muerte dependen de la causa del deceso.

Cuando ocurre la muerte encefálica, el cerebro deja de funcionar de forma irreversible y el corazón sigue latiendo con soporte vital en un hospital, lo que permite la procuración de hasta ocho órganos y diversos compuestos biológicos.

«Si una persona fallece y todos sus órganos están en buenas condiciones, se pueden llegar a beneficiar desde seis a ocho personas con sus órganos», explica Muñoz.

Los órganos que se pueden procurar son el corazón, ambos pulmones, el hígado (que se puede dividir para dos receptores), ambos riñones, el páncreas y el intestino.

Además, las córneas, piel, hueso, tendones, vasos sanguíneos, válvulas cardíacas y el cartílago pueden mejorar o salvar la vida de hasta 75 personas.

Pero en México, sólo 4 de un millón de personas se convierte en donador al fallecer.

El principal obstáculo suele ser la negativa de los familiares, quienes son los únicos que pueden dar el «sí» a que su ser querido se convierta en donador tras la muerte. A menudo, es por miedo o rechazo a aceptar el fallecimiento.

«Otra razón es por motivos religiosos», dice Muñoz. «En Nuevo León, ha sido uno de los motivos principales en los últimos tres años».

Cuando ocurre muerte por paro cardiaco sólo se pueden procurar los tejidos.

También existe la donación en asistolia controlada, que toma fuerza en otros países y aún no está regulada en México.

Ocurre cuando un paciente tiene una condición médica irreversible, se acuerda previamente el proceso de donación y se decide entre familia y médicos retirar el soporte vital. «Son otras alternativas porque hay una insuficiencia de órganos», apunta la especialista.

Con el avance de la medicina, cada vez son menos las condiciones en las cuales una persona no puede donar.

Por ejemplo, personas con vih pueden donar a receptores que también viven con esta condición, siempre y cuando la carga viral sea indetectable. La diabetes, hipertensión y obesidad no siempre son obstáculo para ser donador.

ALMAS GEMELAS

Para evitar que la leucemia regresara a su cuerpo, Aziel Garza Valdés necesitaba un trasplante de médula ósea.

Al reunir a toda su familia para evaluar quién podría ser el donador, su hermano Daniel sintió al instante que él sería compatible.

«Cuando dijeron que nos iban a hacer un examen de sangre, tuve el presentimiento de que iba a ser yo», dice el joven de 22 años. «Eso les dije: ‘Voy a ser yo'».

Y no se equivocó. Los estudios indicaron que él tenía un 100 por ciento de compatibilidad.

En 2023, médicos de la UMAE 25 del IMSS extrajeron células madre sanas de Daniel y las trasplantaron en Aziel, para ayudar a reconstruir su sistema inmunitario y así prevenir una recaída.

«Yo siempre he sentido que Dani es como mi alma gemela», expresa Aziel, de 27 años y originaria de Saltillo.

«Desde chiquitos siempre hemos estado unidos y el hecho de que me haya donado es mucho para mí».

Los trasplantes de células madre hematopoyéticas (comúnmente conocido como trasplante de médula ósea) es un procedimiento que consiste en reemplazar las células madres de la sangre dañadas por otras sanas.

No se trata de una cirugía quirúrgica como otros trasplantes, sino de un proceso parecido a una transfusión de sangre.

Se utiliza principalmente en cánceres de sangre, fallas en la médula ósea y otras enfermedades hereditarias.

«Para mí fue un momento bien difícil tener a mis dos hijos en el procedimiento: uno recibiendo y uno donando», expresa Fabiola Valdés. «Como mamá, todavía batallo para decir la palabra cáncer».

El diagnóstico de Aziel llegó de un momento a otro.

Había pasado una gran noche celebrando su graduación como odontóloga y a la mañana siguiente despertó con manchas moradas en su cuerpo. Horas después le diagnosticaron leucemia mieloide aguda.

Además del trasplante, pasó por varios ciclos de quimioterapias y radioterapias a lo largo de más de tres años.

Ahora está en remisión y recuperando su vida de a poco.

«Sabía que iba a ser una nueva oportunidad de vida para ella», expresa Daniel. «Me alegra que se esté recuperando».