Agencia Reforma

Ciudad de México 4 febrero 2026.- «Es más exigente como entrenadora que como mamá», asevera sin temor a un regaño Lasse Gaxiola, respecto al trato con su madre Sarah Schleper.

Quizá por ello, y aunado a vivir en la nieve prácticamente todo el año, el joven, quien cumplió 18 años el pasado 30 de enero, cristalizó el sueño de su progenitora de volverse esquiador y llegar a unos Juegos Olímpicos de Invierno, los de Milán-Cortina d’Ampezzo 2026.

Y para hacerlo más emotivo, ambos competirán en la misma montaña italiana, pues para ella esta será su última aparición olímpica.

Sarah, quien tiene 46 años y se naturalizó en 2014 -siete años después de su matrimonio con Federico Gaxiola-, y Lasse son la primera dupla madre e hijo en competir en la misma justa invernal, y ambos ya se sienten ganadores por ese simple hecho, como afirman en entrevista telefónica con CANCHA desde Vail, Colorado, su lugar de residencia y entrenamientos.

«Son sensaciones difíciles de explicar porque la historia es única, nadie lo había hecho como ya lo hicimos nosotros y creo que aún estamos asimilando lo que está pasando. Batallamos muchos años en poder hacer eso juntos y era más mi meta que la de mi hijo, pero a él le fascina esquiar y también estar con sus amigos y ahora llegamos juntos a los Juegos Olímpicos y es mucha emoción», dice Sarah, quien se despide del esquí olímpico en las montañas italianas, luego de representar cuatro veces a Estados Unidos, y a México a partir de PyeongChang 2018.

«Estoy muy emocionado, esto es algo muy especial para nosotros, creo que mi mamá es famosa en el mundo del esquí, entonces es algo muy cool para mí ver cómo hablan de ello y las porras que le echan. Ir junto a ella es muy particular porque he esquiado toda mi vida con mi mamá, me ha enseñado todo lo que sé y es como darle algo de regreso a ella por todo lo que me ha dado y enseñado y me hace muy feliz», afirma Lasse.

La asistencia juntos a unos Olímpicos invernales quedó decretada de alguna manera en 2011, cuando Sarah anunció un retiro temporal, teniendo como última competencia entonces la Copa del Mundo de Linz, en la que usó un vestido y a mitad del descenso se detuvo para cargar a Lasse y cruzar la meta con él en brazos.

«En ese momento nunca pensé en esa posibilidad. En ese entonces yo era la única mamá en esa Copa del Mundo y todos estaban fascinados de que bajé con mi hijo, pues era un poco famosa por ser un poco loca. Me gusta hacer show y, bueno, pues pobre de mi hijo, nació en esta familia y le puse los esquíes y tenía que esquiar todos los días, ni modo, esta fue la vida que le tocó», reseña Sarah.

La experimentada esquiadora ha hecho todo lo posible porque sus hijos se apasionen por lo que hagan y, en el caso de Lasse, trabaja como entrenadora en el lugar donde él practica, no solo para estar cerca de él, también porque gracias a ello tiene descuento para que use las instalaciones.

«Siempre dice eso (que no es mi entrenadora), pero me ha enseñado todo lo que sé y siempre me da tips y vemos videos juntos, entonces claro que es mi coach y me da el espacio que necesito», expresa Lasse.

¿Es más exigente como mamá o como entrenadora?

«Mmm… Es muy buena en las dos facetas, pero creo que como entrenadora es más regañona, porque la esquiada tiene que estar muy buena para que mi mamá esté feliz. En la escuela, como mamá, está más relajada, pero en la esquiada es dura», revela el joven, último mexicano en clasificar a Milán-Cortina d’Ampezzo.

«Lasse siempre me ha tratado de ganar y sé que puede hacerlo. El año pasado tuvimos en Vail el Nacional de Estados Unidos y los dos competimos por México y Lasse me estaba viendo y terminé novena y fue la primera vez que me dijo: ‘Wow, Mom, qué bien bajaste, estoy orgulloso de ti’, y un adolescente nunca habla así de bien de su mamá y a mí me lo dijo y me hizo sentir muy muy bien», reveló la abanderada nacional en la justa invernal que arranca este viernes.