Entre Columnas

Martín Quitano Martínez

En la actualidad, el retroceso democrático no suele comenzar

con golpes de estado militares,  sino en las urnas.

 Por la vía electoral, los autócratas electos mantienen una fachada

Democrática  mientras desmantelan la democracia desde adentro.

Steven Levitsky y Daniel Ziblatt.

Si pierden, arrebatan.

En el mundo de las visiones autoritarias, no caben los debates o el intercambio respetuoso de opiniones o perspectivas entre distintos, ni deben reconocerse las dimensiones democráticas de la pluralidad. En ese mundo, priva el reduccionismo más acentuado de la bicolor realidad que ellos conciben. Las actuales “transformaciones” ejecutadas por “los buenos del pueblo”, sientan las bases de la destrucción de la República, de la democracia, la división y el equilibrio de poderes, sobre una ruta aceitada por la corrupción, la traición y la impunidad.

Ante la caída de su plan A, ponen en marcha el plan B, esto es, la intromisión de las autonomías del pacto federal, donde los estados y municipios poco importan. Se manda una orden que emana del resentimiento provocado por los cuestionamientos que se opusieron a la voluntad única. Por ello brota la ira de los que se sienten incuestionables, porque se ha rechazado el mandato del pueblo que ellos “guían y al que obedecen desde el 2018”.

La hipócrita cantaleta de la austeridad que en su altísima opinión justifica reducir hasta la asfixia el armado organizacional e institucional de los procesos electorales, y contra los privilegios sobre representaciones estatales y municipales. Además de la imposición de nuevas reglas que aseguren que solo ellos podrán contar con la fuerza para ganar.

El plan B es el coletazo fúrico de la derrota, la rabia de la puesta en evidencia de no haber conseguido imponer su plan A. Los gestos, la “dureza” de su palabra santa como el único mensaje válido, ahora reflejado en la iniciativa que según ellos solo tiene el propósito de romper privilegios.

La simulación y doble moral de una narrativa insostenible en los hechos, surge al escuchar a la presidenta, a la secretaria de gobernación, profiriendo una suma de lugares comunes que solo pretenden distraer con la estrategia de “al ladrón”, el lodo en el que se mueven las nuevas élites, tan o más corruptas y llenas de privilegios que las del pasado denostadas como neoliberales, ahora más incompetentes y cínicas, que buscan consolidar el proyecto, el modelo de “la transformación” que solo conoce la ruta de la imposición.

El debate del 2027 se construye desde el poder que busca arrasar; para ello todo está permitido. Abaratar las elecciones es igual a entender que ellos controlarán más todos los órganos, para que nada pueda impedir que el reclamo de esa mayoría autocrática se consolide. Incluso los aliados verán su Waterloo, pues si lograron plantar cara con el plan A, ahora se suman dóciles al plan B, con discursos abyectos que ofenden a la inteligencia pero que al final les permiten mantener sus privilegios al cobijo del poder.

El plan B, la reforma administrativa contra los privilegios, formula las peligrosas y perversas vías alternas a las modificaciones para llevar asuntos electorales a consulta y lograr lo que no consiguieron por el plan A, así como poner a la presidenta en la boleta del 2027 y promover el voto para si misma y su partido, golpear al federalismo, a los estados y  municipios libres y autónomos, armando esa propuesta de reformas que en resumen, claramente significa la continuidad de la simulación, del tufo autoritario y una forma de venganza por la derrota previamente sufrida, escudados en una supuesta austeridad y contra lo que ellos consideran privilegios. No obstante, esa “reforma B” es regresiva, pues no consolida ni fortalece vías de reconocimientos democráticos de diálogo, de pluralidad y tolerancia, de vigilancia ante los dineros criminales.

DE LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA

Tal vez, como oyeron que no les va a hacer caso, los criminales se encuentran muy activos en Veracruz.

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