Ciudad de México 1 noviembre 2026.- Gabriel Macotela honra a los compañeros en el camino al Mictlán con un mural dedicado a la Virgen del Xolo, en una casona de la Roma.

El mural fue encargado por Alejandro Díaz, propietario del inmueble. Su madre arrendó la vivienda al artista hace 37 años.

Alejandro, entonces un adolescente, creció cautivado por los trazos rítmicos y geométricos del inquilino, repartidos en la casa. Al hacerse cargo de ésta, le buscó tenazmente, durante más de diez años, hasta lograr que volviera y pintara allí, como en los viejos tiempos.

«Fui muy feliz con mis amigos y venían mucho, hacíamos fiestas. Afortunadamente, como no tenía vecinos, me soportaban; oía música -oigo- muy fuerte. Y aquí podía oír a todo volumen mi música y pintar», evoca Macotela, quien aspiraba a ser trompetista de jazz e incluso se formó como músico.

«La mamá de Alejandro, una gran señora y amiga, me soportó. Afortunadamente pagaba la renta más o menos a tiempo, porque fui de los primeros becarios del Sistema Nacional de Creadores de Arte».

Tanto apreció la belleza de la casa porfiriana, que la destruyó, bromea el artista.

«Esta es una de las casas realmente antiguas de la Roma, con techos altos preciosos, ventanas, pisos de madera. Nada más que yo me encargué de destruirla pacientemente, manchando todo. Si fuera poeta, estaría súper limpio».

Aunque Macotela se mudó después -vive a unas calles, en la misma colonia- su obra perduró. Todas las habitaciones de la casa exhiben obra que el artista vendió o regaló a la entonces propietaria.

Perros divinos

Macotela pinta en un andamio, rodeado de sus instrumentos de trabajo, mientras un xoloitzcuintle bermejo con flores en el cuello se ondula alegre cuando se acerca al pintor, que lo mima. Es el Día Nacional del Xoloitzcuintle, que se conmemora cada 27 de octubre, y el atavío del perro celebra la ocasión.

No es éste el modelo de Macotela para el mural, sino un xoloitzcuintle negro, también de Díaz, quien recuerda, en el contexto de Día de Muertos, que en las tradiciones funerarias mesoamericanas el xoloitzcuintle acompañaba a las almas en su tránsito hacia el Mictlán.

Sin embargo, el bermejo era el más apreciado, porque cruzaba el Mictlán sin «mancharse» explica.

«Los perros siempre me han acompañado, son como ángeles. Son seres increíbles», expresa por su parte Macotela. Ahora mismo tiene a dos, Torito y Pitaya, hijos de una perra que adoptó, ya fallecida. También tiene dos gatos.

El mural en acrílico, previsto para inaugurarse estos días de festividades de Muertos, permanecerá en la casa que Macotela habitó y ahora le honra.

Díaz aspira a multiplicar los trazos del jalisciense.

«Mi idea guajira es que toda la casa tenga una huella del maestro y se quede como un sitio icónico: que siga reverberando aquí la obra de Macotela», comparte.

Dios sin barba

Con la Virgen del Xolo, Alejandro Díaz reivindica la preeminencia femenina, al tiempo que critica el predominio del patriarcado.

«En Occidente se nos representa a Dios como un hombre barbado, blanco, pero en los pueblos de América, desde el Yukón, hasta la Tierra del Fuego, se veneraba a una deidad creadora femenina.

«En gran medida tenemos problemas ahorita en el mundo por una sociedad patriarcal muy decadente. Sin embargo, en estos pueblos, cuya deidad principal era femenina -llámese Pachamama, Madre Tierra, Tonantzin- se le daba lugar al humano», señala el dueño del inmueble donde Gabriel Macotela expande su obra.

El mural representa esa concepción de la divinidad, pero también reúne símbolos de México: la Guadalupana, el xoloitzcuintle y un paisaje entre desértico y frondoso, con montañas y planicies, al que se incorporan elementos urbanos e industriales propios de grandes ciudades como la CDMX.

La obra se convierte así en una celebración de la cultura nacional, apunta Díaz.