- Un tranquilo pueblo que una vez fue testigo del auge minero y que hoy se presenta a los visitantes con todo su majestuoso paisaje como el escenario de una gran película del oeste.
- Su oferta de spas y tratamientos de wellness es una de las más interesantes en todo el estado de Guanajuato.
- Cerca de Dolores Hidalgo, Cuna de la Independencia Nacional y San Miguel de Allende, Mineral de Pozos es el lugar perfecto para relajarse.
Mineral de Pozos, Guanajuato, 16 julio 2025.- De todos los lujos que existen en el mundo, el Pueblo Mágico de Mineral de Pozos, en el estado de Guanajuato, ofrece algunos que no se pueden comprar con dinero: momentos de completo silencio donde el viajero puede, por una vez, escuchar sus propios pasos mientras el sonido del viento acaricia de azul y terracota el vasto paisaje semidesértico y se recorren los vestigios de aquel esplendor de oro, plata y mercurio, metales con los que una vez se forjaron inmensas fortunas en este lugar.
Al pasear por sus tranquilas calles adoquinadas en el diminuto Centro Histórico (casi completamente libre del estruendo vehicular), parece extraño pensar que cada mañana salían, más de 50 mil mineros a trabajar en la profundidad de más de 350 minas.
Debido a este gran apogeo, aquí llegaron rápidamente el telégrafo, la máquina de vapor y la electricidad, antes, incluso, que en otras capitales. La estética de la belle epoque francesa se instaló en opulentos almacenes, como La Fama, un edificio que aún porta ese nombre, donde las mujeres de los hacendados compraban bellísimos vestidos estilo europeo, especiales para el paseo dominical.
Actualmente resulta un viaje místico visitar los vestigios de los antiguos cascos de haciendas como Santa Brígida, la más antigua del estado de Guanajuato, El Triángulo, Las Angustias o Cinco Señores.
Se trata de una jornada hacia un pasado de auge y caída, pero con un pie en la singular hospitalidad que ofrecen sus habitantes desde el presente, pues se trata de una de las localidades guanajuatenses donde se pueden vivir algunas de las experiencias de wellness más interesantes y peculiares: en sus hoteles boutique se agasaja al visitante con baños de cerveza, de mezcal o de chocolate, masajes relajantes y spas para consentir los sentidos.
Una vez que el descanso y la calma se apoderan del cuerpo, hay que salir a alimentar también la curiosidad. Buscar la luz que rebota suavemente en la geometría de los tres icónicos hornos de fundición en Santa Brígida, o bien, colarse por los espacios vacíos en Cinco Señores —fantasmales aunque peculiarmente benignos— repletos de alféizares y ermitas, en donde podremos tomar las mejores fotografías, como si estuviéramos en el set de una gran película.
Otra buena idea para imaginar y honrar el trabajo de los mineros es contratar un tour para recorrer las entrañas de la mina de plata en La Guadalupana, que desciende unos 20 metros hacia cavernas y galerías subterráneas de más de 250 metros de longitud. Unos buenos zapatos y el cuidado extremo en dónde se pisa es vital, pues podríamos encontrarnos con las enormes oquedades que fueron minas a cielo abierto, hoy retomadas por la maleza.
A la hora de la comida hay que darle gusto al paladar en la Cantina de Pozos frente al Jardín Juárez o en el restaurante Porfirio Díaz, ambos en el Centro Histórico. Aquí se deben probar las exquisitas quesadillas de flor de calabaza y las pacholas. No hay que perder la ocasión de aventurarse con un bocado de escamoles, las ricas larvas de hormiga fritas servidas en tacos, o cuando es temporada, los sabrosísimos gusanos de maguey. Para acompañar, lo mejor es beber colonche, una bebida que se prepara con el fruto fermentado de la tuna roja.
Antes que caiga la tarde vale la pena visitar la plaza central y el Hotel Casa Mexicana para comprar algunas artesanías, como muñecas hechas a mano o joyería con piedras semipreciosas o bien, la tradicional Casa del Venado Azul, un pequeño hotel donde también se hacen tratamientos alternativos como musicoaromaterapia y se fabrican instrumentos musicales de estilo prehispánico.
Imperdible es también la visita al Rancho de la Lavanda donde tienen tours en esos campos que las lluvias tapizan de morado entre junio y agosto, y donde se pueden visitar los talleres de extracción para ver cómo se preparan todo tipo de aceites y productos artesanales con esa flor. Si aún queda tiempo, hay que visitar la Escuela Modelo, una escuela de artes y oficios que operó a principios del siglo pasado y que hoy funciona como un Museo de Sitio, una Cineteca y un espacio para exposiciones.
Una de las mejores cosas en Mineral de Pozos es que está cerca de casi todo: se encuentra a tan solo hora y media por carretera de Guanajuato capital; a 60 kilómetros de ciudades como San Miguel de Allende y Dolores Hidalgo C.I.N.; a 33 kilómetros de San José de Iturbide y a 10 de San Luis de la Paz, lugares que podemos aprovechar para ampliar nuestra visita o pernoctar.
