Uriel Flores Aguayo

Cuando el Partido Comunista Mexicano estaba entrando a la legalidad y al juego electoral debatía tesis fundamentales; era partido de tesis y conceptos, de bagaje teórico. Abrió un periodo de profunda reflexión y de actualización doctrinaria. Era un partido de mucho debate, como era toda la izquierda de entonces, y menor acción. Su definición se polarizó entre la adopción del proyecto de “dictadura del proletariado” y “poder obrero democrático”. Algo había con restos de la influencia de la URSS y un afán de labrarse un camino propio, en el contexto de confluencia en ideales comunistas. De ahí vino el calificativo de “dinos” a los ortodoxos y “renos” a los reformistas. Ambas posturas estaban desfasadas, se vio pronto, y no correspondían a nuestra realidad. Pronto desaparecieron. En su momento fue un debate profundo y trascendente para quienes militaban en esas filas de la hoz y el martillo.

En su tercer congreso nacional, año 1995, el PRD dio un enorme debate que fue determinante para su construcción y tuvo una definitiva influencia en las reformas políticas de México. Estuvo precedido de un periodo amplio de análisis y reflexión de sus bases y dirigentes. El PRD fue un partido de mucho debate, al menos en sus primeros diez años, y mucha acción; un partido completo. En ese congreso las dos grandes visiones y propuestas eran encabezadas por Cuauhtémoc  Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo; el primero planteaba un “gobierno de salvación nacional”, mientras que, el segundo, defendía la estrategia de “pacto de transición a la democracia”. Resultó mayoritaria la segunda, abriendo un acuerdo amplio para leyes e instituciones que garantizarán elecciones libres. El aporte democrático de Porfirio, debe valorarse en todos sus términos, fue un gigante intelectual al servicio de México. Tengo la impresión de que los partidos políticos actuales en general están ausentes de los debates nacionales en sentido profundo, que sufren un descenso intelectual y cultural en general. Abundan las ocurrencias y descalificaciones, la propaganda y las consignas. Creo que los partidos políticos no están siendo escuela democrática. De ahí que no estemos ante un escenario de grandes debates nacionales. Nos hacen falta. Independientemente de los posicionamientos de hoy en términos de espacios de poder, hay que pensar en el contexto internacional, en sus exigencias, y en el futuro. Las nuevas generaciones mexicanas, nuestra juventud, aspira a mucho más de lo que somos ahora. Un México grande, potente, incluyente, moderno y de progreso no admite mediocridad en su clase política.

Recadito: hacen falta obras federales y estatales en Xalapa.