Agencia Reforma

Monterrey, NL 8 febrero 2026.- Hace 11 años, Seattle vio cómo el trofeo se le escapaba en el último segundo del Super Bowl XLIX.

 Aquel pase interceptado no sólo selló una derrota: abrió una herida profunda, una cicatriz que desde entonces arde cada invierno en el corazón del noroeste de EU. Desde ese día, la franquicia ha vivido en estado de vigilia, esperando el momento exacto para volver a lanzarse sobre su presa.

 Temporada tras temporada, el intento fue el mismo: retomar el vuelo, acechar desde las alturas, pero fallar en el momento decisivo. Hasta que en 2024 llegó Mike Macdonald, el domador que entendió que estas aves no estaban hechas para sobrevivir, sino para cazar.

 Bajo su mando, los Seahawks dejaron de ser presas y se convirtieron en depredadores.

 Su defensa es el pico y las garras, una fuerza primitiva y despiadada que asfixia, golpea y desgasta hasta quebrar la voluntad del rival. En 2025 permitieron apenas 17.2 puntos por partido, la cifra más baja de toda la NFL, así como Top 5 en contra de la carrera. Una estampa de aquella «Legión del Boom».

 Del otro lado del balón, el ataque esperaba el momento exacto para lanzarse. Con Jaxon Smith-Njigba -líder de la NFL en yardas aéreas, con mil 793-, Seattle aprovechó los descuidos de sus rivales para volar en el emparrillado. Y al centro del ataque, Sam Darnold, un mariscal que pasó años a la sombra y hoy, contra todo pronóstico, ha llegado al Súper Domingo.

 Con marca de 14-3, dominaron la Conferencia Nacional, aplastaron con sus garras afiladas a los 49ers en la Ronda Divisional y acabaron con la bravura de los Rams en la Final de Conferencia, haciendo respetar su casa.

 Ahora, tras años de reconstrucción, la bandada de Macdonald llega al Super Bowl LX en su forma más peligrosa: la de un depredador que busca venganza.