Pedro Peñaloza

“Una mentira puede dar la vuelta al mundo

mientras la verdad todavía se pone los zapatos”.

Mark Twain

Si algo ratifica los reflejos primarios y la falta de un equipo experimentado que acompañe a la presidenta Claudia Sheinbaum, es la respuesta inicial que dio ante las declaraciones del abogado Jeffrey Lichtman, defensor de Ovidio Guzmán López, respecto a la acusación de ser, “la publirrelacionista de una organización del narcotráfico”.

Y la muestra de su falta de sensibilidad elemental fue responder al lado del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, personaje vinculado, en diversos documentos públicos, con el Cártel de Sinaloa, el asesinato del ex rector de la Universidad de Sinaloa, Héctor Melesio Cuén y el secuestro del Mayo Zambada.

Sin asesoría, Sheinbaum acusó de irrespetuoso al abogado y anunció una demanda por “difamación” en México, lo cual no tendría ningún efecto procesal y le daría más reflectores al litigante estadounidense. Recordemos además que dicho delito ya no existe en el código penal federal.

La reacción presidencial es similar a la demanda que anunció AMLO en 2023 contra el abogado de Genaro García Luna, César de Castro, que al final fue sólo un ridículo amago. Todo indica que seguirá el mismo curso la susodicha denuncia de la presidenta. Puros juegos de artificio.

La relación con el vecino del norte se complejiza y toma un camino explosivo para el gobierno claudista, gracias a la información cada vez más abundante que han proporcionado diversos personajes de la delincuencia organizada, junto a los sistemas de espionaje norteamericano.

¿Qué puede contener dicha información? Es difícil saber hasta qué grado está infiltrado el gobierno y qué personajes serán mencionados, pero si nos atenemos a las reiteradas declaraciones de Trump, quien sostiene que “el gobierno mexicano no ha controlado a los cárteles de la droga”, se intuye que los datos involucran a dirigentes centrales de la 4T, entre ellos al propio expresidente López Obrador.

Dos elementos subyacen en esta coyuntura, a saber, la notable soledad y desesperación de Sheinbaum para defender el desastre que dejó su AMLO y la inútil protección a cualquier escándalo de corrupción. Véase el caso Tabasco.

El propósito de la Casa Blanca es claro, arrodillar al gobierno de la 4T con más aranceles y chantajes. Ante ello, desde Palacio la única respuesta es disparar frases chauvinistas. No más.

Trump ya midió la debilidad de la presidenta. Tiene la información para desestabilizar al gobierno. La está dosificando. Puede imponer las cartas que quiera. El morenismo tendrá que ceder. ¿Entregará a sus principales cuadros a la justicia estadounidense? Quizás esa es la negociación que viene.

@pedro_penaloz