Mientras el alcalde Enrique Galindo Ceballos presume una gira internacional por España, en la capital potosina la inseguridad sigue escalando y ahora hasta la Iglesia católica alzó la voz para exhibir lo que calificó como abandono, descuido y simulación por parte del Ayuntamiento en el Centro Histórico.
El detonante fue el asalto a una joyería en plena zona centro, a plena luz del día y en uno de los corredores más vigilados —al menos en el discurso oficial—. El atraco ocurrió sin una reacción inmediata de las autoridades, lo que evidenció la fragilidad del operativo de seguridad municipal y la falta de presencia policial real en las calles.
Desde la Iglesia, el señalamiento fue directo. El vocero Tomás Cruz Perales advirtió que el Centro Histórico está descuidado no solo en materia de seguridad, sino también en imagen urbana y mantenimiento, subrayando que la ciudadanía no puede ni debe enfrentar sola al crimen.
“El abandono del Centro Histórico es algo que no podemos negar. Está descuidado en muchos aspectos y es una responsabilidad directa de las autoridades”, expresó.
La crítica eclesial llega en un momento especialmente incómodo para el Ayuntamiento. Al momento del robo, el propio alcalde, junto con directores y regidores, se encontraba fuera del país en un viaje denominado “turismo de trabajo”, lo que dejó a la ciudad sin cabeza política mientras se registraba uno de los asaltos más mediáticos del año.
El contraste no pudo ser más evidente. Días antes, el secretario de Seguridad municipal presumía una supuesta disminución en los robos a comercios y colocaba a la capital entre las ciudades más seguras del país. Bastó un solo atraco, en el corazón turístico y comercial de San Luis Potosí, para derrumbar esa narrativa.
Comerciantes, trabajadores y visitantes del Centro Histórico denuncian que los asaltos, robos y cristalazos son cada vez más frecuentes, sin que exista una estrategia clara y sostenida para contenerlos. La presencia policial es intermitente y reactiva, más enfocada en operativos mediáticos que en vigilancia permanente.
Hoy, con la Iglesia señalando la omisión y el alcalde fuera del país, el mensaje es contundente: el Centro Histórico está pagando el costo de un gobierno más preocupado por la agenda política y la promoción personal que por atender la seguridad cotidiana de la ciudad.
