- El mediocampista debutó hace menos de un año en el fútbol profesional.
- El técnico Javier Aguirre se ha sorprendido con su madurez dentro y fuera del campo.
Ciudad de México, 16 julio 2025.- Entre los festejos del bicampeonato de la Copa Oro, una sonrisa destaca: la de Gilberto Mora, el adolescente que con solo 16 años ya levantó un trofeo con la selección mexicana. El verano pasado todavía jugaba en la Sub-19 de Xolos de Tijuana y buscaba un lugar en el primer equipo; un año después, no solo debutó en la Liga MX, también se convirtió en campeón más joven de una final internacional de selecciones y levanta la mano para ser un imprescindible en el once de Javier Aguirre. Mora ya no espera su momento, lo está viviendo.
Cuando Guillermo Ochoa ganó su primera Copa Oro, de camino a Sudáfrica 2010, Gilberto Mora aún no cumplía un año. Hoy comparten vestidor: Ochoa como el veterano histórico que persigue su sexta experiencia mundialista, y Mora como el debutante que sueña con jugar la primera… y hacerlo en casa, en la Copa Mundial de la FIFA 26™.
Nacido en Chiapas y formado en la frontera del país, Mora se unió al equipo mayor en enero para los amistosos en Sudamérica. Debutó contra el Inter de Porto Alegre, en un ambiente exigente y hostil, y en esta Copa Oro fue ganando la confianza del cuerpo técnico en los entrenamientos hasta sorprender como titular en los cuartos de final contra Arabia Saudita y después ante Honduras. «Tiene mucho talento y es mexicano, qué suerte tenemos», resumió Aguirre tras la semifinal, en la que el volante acompañaba a Raúl Jiménez para sentenciar el partido. Además de esa jugada, se hizo notar por la generación de otro par de ocasiones de gol y por ganar faltas valiosas. A ese aporte ofensivo respondió la titularidad frente a Estados Unidos en la final que culminó con el título.
Aguirre lo define como un “jugador con talento puro”, de esos que se cuentan con los dedos en la historia del fútbol mexicano; lo situó en una línea de tiempo precedida por dos referentes del mediocampo: Tomás Boy y Benjamín Galindo, y apuntó una larga brecha hasta el presente. Cuando comenzó a seguirle la pista, solo le preocupó el aspecto físico. Con 1.68 de estatura y un cuerpo “de niño de 16 años”, como lo describe, “le falta embarnecer”; pero su calidad técnica, la habilidad para leer el juego y anticiparse a sus rivales ha sido su mejor carta. A eso se suman su conducción y el regate, con los que ha aprendido a sacudirse marcas en espacios reducidos. «Lo que más me gusta es que no se esconde. Le dan dos leñazos y sigue queriendo el balón, esa es su mayor virtud», añadió el estratega, quien insiste en que «no tiene techo» y matiza que el chico ha asumido su lugar en el equipo como parte de un proceso de aprendizaje.
Javier incluso se ha tomado el tiempo de felicitar públicamente a los padres de Gilberto Mora, quien nació con el fútbol en la sangre. Su padre —que lleva el mismo nombre— fue futbolista profesional y defendió varias camisetas en México, pero nunca fue convocado al Tri. Hoy es director técnico en la categoría inmediata inferior de Xolos y su experiencia resulta clave para acompañar a su hijo en un momento crítico de la carrera.
