- Comerciantes denuncian que la temporada decembrina fue una de las peores en años, marcada por el desorden, la inseguridad y la falta de atención del gobierno municipal encabezado por Enrique Galindo.
Los comerciantes del Centro Histórico de la capital cerraron la temporada decembrina con números rojos y un profundo malestar hacia el ayuntamiento, al que acusan de haberlos dejado solos en uno de los periodos más importantes para su economía. Lejos de impulsar condiciones para atraer visitantes y consumo, señalan que la administración municipal permitió el deterioro del primer cuadro de la ciudad.
Uno de los reclamos centrales fue el descontrol del ambulantaje, que se apoderó de calles y plazas sin regulación efectiva. De acuerdo con los denunciantes, esta permisividad se dio con el aval del alcalde Enrique Galindo, generando una competencia desleal que afectó directamente a los comercios establecidos. Mientras los vendedores informales operaron sin restricciones y la autoridad se llenaba los bolsillos a través de la Dirección de Comercios, los negocios formales aseguran que sus quejas fueron ignoradas de manera sistemática, a pesar de pagar puntualmente sus permisos.
A este escenario se sumó la inseguridad, que lejos de disminuir, se volvió una constante de todo 2025. Robos y asaltos a establecimientos del Centro Histórico se acumularon en los últimos meses, evidenciando la falta de acciones preventivas por parte de la Policía Municipal. Casos como los registrados en Carl’s Jr. de Arcos Ipiña, tiendas de calzado, cafeterías y joyerías reflejan un patrón con los elementos llegando tarde, cuando el daño ya está hecho.
El deterioro urbano tampoco pasó desapercibido. Calles llenas de baches, pavimento fracturado y zonas prácticamente intransitables complicaron la movilidad tanto de peatones como de automovilistas. Para los comerciantes, el discurso oficial que presume orden y mantenimiento contrasta con una realidad que exhibe abandono, especialmente en zonas que no forman parte de las prioridades políticas del gobierno municipal, como aquellas colonias lujosas.
Finalmente, la situación se agravó con el aumento de personas en situación de calle, la instalación de refugios improvisado y problemas recurrentes con estacionamientos y parquímetros. Mientras se cerraron vialidades y se redujo el acceso vehicular, los parquímetros siguieron operando como caja chica de la administración, sin claridad sobre el destino de los recursos. El resultado fue un Centro Histórico vacío, con consumidores que optaron por llevar toda la ganancia a las grandes tiendas y plazas comerciales, como Costco, Sam’s Club y Plaza San Luis, y comerciantes que regresaron a casa con pérdidas y la certeza de que de nuevo fueron relegados.
