Ciudad de México 17 agosto 2026.- A la sombra del fraude en línea y sumergidos entre filas kilométricas, filtros de seguridad y la tensión a flor de piel, miles de jóvenes acudieron ayer al Palacio de los Deportes para someterse, y sujetar a la UNAM, a una prueba de confianza.

Mientras más de 8 mil aspirantes se jugaban su pase de entrada a la licenciatura, para la Universidad, la prueba de fuego consistía en rescatar su propia credibilidad mediante un nuevo método que ayudara a cicatrizar el daño de la evaluación a distancia. Entonces se armó con vigilantes -directores, auditores y notarios- para que fueran sus ojos en el Palacio de los Deportes.

«El sistema que se está implementando es un sistema muy seguro, van a quedar totalmente conformes, no solamente ellos, sino también la Universidad y los observadores en cuanto a la pulcritud, en cuanto a la auditoría y el debido proceso con el que se cuidan todos los elementos», prometió el Secretario General, Javier de la Fuente.

Según sus proyecciones, se espera que se presenten a cada uno de los nueve turnos contemplados en la capital del País a alrededor de 4 mil 800 jóvenes, para un total de 42 mil 774 estudiantes que completaron su proceso de registro.

Antes de que el contador marcara el inicio, el primer fallo ya recorría uno de los pabellones: las tabletas, el único canal para responder el examen, se habían quedado sin señal de internet.

«Varias tenían fallas desde antes y, al arrancar, el contador se puso en cero y todas marcaban sin acceso a internet. Todo el mundo tenía la mano levantada», relata Marina, aspirante a Psicología.

«Nos pidieron reiniciarlas; a algunos no les cargó. A mí afortunadamente me cargó el examen, pero durante casi todo el tiempo la musiquita de reinicio no dejó de sonar por todo el lugar», contó.

De la Fuente, reconoció que la jornada arrancó con «cuestiones técnicas» derivadas de la aplicación masiva.

Trabajadores del equipo organizador atribuyeron el fallo a la saturación de la red por el ingreso simultáneo de más de 4 mil usuarios; un tropiezo inicial que, según la institución, obligó a cambiar 16 equipos y retrasó la prueba apenas 10 minutos.

Una aspirante más tuvo agorafobia y otro fue atendido por un problema estomacal.

Al entrar, el personal les revisaba que no ingresaran con objetos prohibidos como lentes, gorras, audífonos o calculadoras.

«Se ponen bien perros, te revisan hasta las fosas nasales», alegó una joven mientras le contaba a su mamá vía telefónica que ya había concluido su prueba.

Una vez dentro, la instrucción era registrarse y, en cuanto comenzara a correr el reloj, el examen se activaría en automático, simultáneamente, en todas las computadoras y tabletas.

Abrumada por el sol de las cuatro de la tarde arribó Ana Carolina Sepúlveda, la directora de la carrera con más demanda, la de Medicina; más temprano, también recorrió los pasillos Mónica González, titular del Instituto de Investigaciones Jurídicas.

Ocho mesas, dieciséis filas y tres aplicadores por hilera se alzaban sobre el domo de cobre de un recinto comúnmente utilizado para ofrecer espectáculos.

Ahí no había jolgorio, había estrés, nerviosismo; todos cuadrados, cara a cara, con celulares y folios de registro bajo sus asientos, en espera de que esta vez el examen saliera conforme lo planeado para iniciar clases el próximo 31 de agosto.

Ivana quiere convertirse en psicóloga y está convencida de que su lugar es en la UNAM. Es la cuarta vez que presenta el examen y, aunque para ella no hubo cambios de fondo en el contenido, el reforzamiento de la vigilancia sí le ayudó a sentirse más confiada.

«Cuando me enteré del primero que hicieron en Guanajuato dije: ‘Va a ser igual, entonces nada cambia, sólo que te están vigilando en presencial’. Pero sí cambia mucho, cambia la confianza que te da estar con los demás compañeros, que te estén pasando a revisar. Sí cambia y te da la confianza de estar frente a una computadora, pero en presencial», confiesa.

El eco de las aplicaciones foráneas alcanzó a la prueba en la capital del País porque al menos dos alumnos, en Tijuana y León, fueron sorprendidos intentando transmitir en vivo desde los sanitarios, pese a que antes de acudir debían pasar por un detector de metal.

La Universidad asegura que no pretende asumir una postura de parálisis ni minimizar las trampas que detectó, pero aún espera poder generar condiciones de mayor equidad para el ingreso a la licenciatura.