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Agencia Reforma
Ciudad de México 18 diciembre 2025.- El pasado sábado, casi de manera simultánea, dos de los más grandes exponentes de la lucha libre decían adiós, John Cena y El Hijo del Santo.
La WWE supo armar un programa lleno de recuerdos, melancolía y respeto para su máxima figura en los últimos 20 años.
El legado del Marine no está solo en el ring, de su mano creció la promotora estadounidense a niveles inimaginados, la proyectó de manera internacional, cargó con ella, por muchos momentos solo, al menos por 15 años, su mercancía fue tan exitosa que llevó a la WWE a apostar agresivamente por esa área, en fin, no hay duda de que la industria creció al ritmo de Cena.
Sobre el ring, John recibió muchas críticas, lo tacharon de niño consentido, de que todos lo apoyaban, pero de a poco fue ganando respeto, amplió su repertorio de castigos, se mostró firme para enfrentar a los mejores rivales, y aunque no siempre ganó, en todo momento se entregó y mostró calidad.
Como en el caso del Undertaker, me parece que la WWE se equivoca en el final, permitir que Gunther le ganara por rendición, podía vencerlo de otra manera, es un error, por más que Triple H se justifique diciendo que Cena siempre hizo lo mejor por la industria, se merecía ir de otra forma.
Eso sí, detalles como los de CM Punk y Cody Rhodes, quienes le regalaron sus cinturones de campeón, y el respeto que le mostró todo el elenco de la WWE, e incluso de otras promotoras, dejan en claro la calidad y la gran carrera de John Cena, a quien, sin duda, vamos a extrañar.
El Hijo del Santo le dijo adiós a los cuadriláteros en el Palacio de los Deportes que se rindió ante el Plateado, fue una despedida muy emotiva, bien llevada con dos detalles muy significativos.
La presencia del Texano Jr. fue muy especial, pues su padre enfrentó al Santo en su última batalla, en el Toreo de Cuatro Caminos.
Y que la última llave del Hijo del Santo fuera la de «a caballo» para rendir al Hijo de Fishman y llevarse la victoria fue espectacular.
Me hubiera encantado que el Santito hubiera limado asperezas con la familia Lutteroth, pues merecía una despedida en el lugar de sus grandes éxitos, y en el que su padre se convirtió en leyenda, la Arena México, pero no se pudo.
El Plateado deja un enorme legado de profesionalismo, calidad y entrega sobre el cuadrilátero, su llaveo, sus topes, sus tijeras y la energía que ponía en cada combate más la máscara más emblemática de la lucha libre lo hacen ya un inmortal.
Sin duda, lo vamos a extrañar.
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