Agencia Reforma
Guadalajara, Jalisco 1 enero 2026.- Diego San Román salvó la tarde en la Plaza de Toros Nuevo Progreso, al pasear las únicas dos orejas del festejo y salir a hombros.
En la segunda corrida de la Feria de Aniversario 2026, se lidiaron cuatro ejemplares de Campo Real en los primeros turnos, y cuatro de Villa Carmela en el orden posterior, fueron de presentación y comportamiento desigual.
San Román nació en Querétaro, pero demostró, una vez más, que es el torero de Guadalajara. Entendió la lidia de sus astados para sacarles lo más que pudo, además de saber cómo prender al tendido tapatío a base de entrega y valor.
El de Campo Real perdía las manos constantemente y regateaba las embestidas. El diestro lo metió en la muleta y después le pisó los terrenos, dejando esa sensación de peligro latente. De media estocada efectiva lo pasaportó y se le concedió una oreja.
Con el séptimo de la tarde, que tampoco dio buen juego, San Román volvió a utilizar su carta para emocionar al público con arrimones y zapatillas clavadas en el albero. Le metió muy poca espada y con eso cedió el toro para doblar. Se le otorgó una segunda oreja.
El español Marco Pérez lidió el lote más disparejo de la tarde: primero un astado sin trapío de Campo Real y cerró plaza con «Don David», un señor toro de Villa Carmela.
El cuarto burel de la tarde suscitó la primera bronca de la temporada para el juez de plaza Alfredo Sahagún. Desde su salida, el impresentable animal fue protestado en toda la lidia al no cumplir con la presentación de una plaza de primera categoría como Guadalajara.
«¿Así se defiende la Fiesta?», «¡Sahagún ya acabó con esta plaza!», fueron algunos de los gritos que se escucharon en el tendido. «Vox populi, vox Dei» (La voz del pueblo es la voz de Dios) no puede justificar solamente la entrega de trofeos de poco peso. También es el clamor del público tapatío que refleja un sentir común en los últimos años.
Marco Pérez dejó algunos destellos en su trasteo, pero no lucieron con tan pobre oponente. En cambio, el cierra plaza era un imponente toro, digno del coso tapatío. «Don David» tenía calidad, pero también mucho genio. El español no le pudo, abrevió y se tiró a matar a los 5 minutos de la faena de muleta.
Guillermo Hermoso no tuvo una buena tarde. Al ver las pocas condiciones de sus astados, se enfocó en pedir música que le fue autorizada por un Palco sin autoridad.
El abreplaza fue un toro distraído y parado, el rejoneador estuvo pesado con el rejón de muerte. Se escucharon pitos para ambos. Mientras que al quinto de la tarde lo pudo torear un poco más, y de nueva cuenta, no estuvo fino con el acero.
Al segundo de la tarde, el «Calita» le pudo pegar algunos pases, pero sin dominio y temple, por el pitón izquierdo. Cuando intentó naturales se encontró con el derrote del animal. Tras pinchar, en el tercer viaje lo despachó con una estocada muy caída.
El sexto de la tarde fue más noble, pero la lidia fue muy deslucida. Escuchó algunas palmas por su disposición. .
