Agencia Reforma
Guadalajara, Jalisco 25 enero 2026.- Sin toros bravos no hay emoción, y de nueva cuenta se constató en la Plaza Nuevo Progreso.
En la primera corrida de la Feria de Aniversario 2026 se lidiaron cinco ejemplares de Teófilo Gómez y uno de Puerto del Cielo para los alternantes Sergio Flores, Juan Ortega y Héctor Gutiérrez.
Los toros de la ganadería titular resultaron descastados, débiles de remos y protestados por su nula o justa presentación. Algo cada vez más recurrente en el coso Guadalajara.
El de Puerto del Cielo fue el abre plaza, pitado también en su salida por su apariencia anovillada. Tenía embestida áspera y Flores no quiso saber más de él. Fue abroncado al abreviar su lidia y entrar a matar. Se cansó de pinchar, escuchó un aviso y fue despedido con pitos.
Se reivindicó con el segundo de su lote. El toro «Media vuelta» tenía mejores ideas que sus hermanos y metía la cabeza en los muletazos que pudo pegar el torero tlaxcalteca.
En el último tramo de la lidia, repartía peligro en cada embestida. Flores lo aguantó, se lo pasó por la espalda para despertar un poco la alicaída tarde.
El animal lo prendió sin mayor consecuencia y se levantó para finalizar su labor por bernardinas. Con el acero volvió a estar errático, hubo petición de oreja y fue concedida entre división de opiniones por la ejecución en la suerte suprema.
El segundo de la tarde, «Despacio», presagiaba desde el nombre una faena a modo para un torero artista como Juan Ortega. Con el capote dio las primeras pinceladas y cuando se disponía al tercio de muleta, -como ocurrió la temporada pasada en dos ocasiones con otros toreros-, el subalternó provocó que el toro rematara en un burladero, acabando con toda posibilidad de ver la faena que prometía. El español abrevió y descabelló mientras sonaba el primer aviso.
Toda la plaza se quedó con ganas de ver al diestro sevillano a plenitud después de la desbordante sosería de su oponente. La constante de Ortega en su carrera se repitió a la hora de entrar a matar, y después de varios pinchazos, descabelló y escuchó otro aviso. Hubo silencio para el español y pitos para el astado en el arrastre.
Héctor Gutiérrez también se estrelló con un lote sin opciones. Estuvo muy dispuesto y con recursos para darle su lidia a los inservibles bureles. Con el primero escuchó un aviso y con el segundo, -tal y como ocurrió con Flores-, un sector del público exigió oreja sin haber méritos suficientes para otorgarlas.
