Monterrey, NL 27 julio 2026 .-Aunque el sobrepeso y la obesidad suelen verse como un problema estético, sus consecuencias van mucho más allá. El exceso de grasa puede infiltrarse en órganos vitales, como el hígado, y provocar daños graves que con frecuencia pasan inadvertidos.

 «Cuando la gente piensa en la obesidad, se preocupa de la imagen, vale. Pero cuando no hay lugar para la grasa en el cuerpo, empieza a entrar en los órganos y a destruirlos», advierte Jeffrey V. Lazarus, académico del Instituto de Salud Global de Barcelona y promotor de la salud hepática.

 El epidemiólogo compara el hígado con el motor de un automóvil: si no recibe mantenimiento, termina por fallar. Aunque existe el trasplante, recalca, es un procedimiento complejo, costoso y con escasez de órganos, por lo que prevenir el daño siempre será la mejor alternativa.

 Durante el Congreso Internacional sobre Obesidad (ICO), celebrado del 15 al 17 de julio en la Ciudad de México, Lazarus presentó un estudio publicado en Archives of Medical Research que estima que el 47 por ciento de los adultos mexicanos podría padecer enfermedad hepática esteatósica asociada a la disfunción metabólica (MASLD), conocida como hígado graso.

 La investigación, realizada en cinco estados, encontró que casi la mitad de los participantes cumplía con los criterios diagnósticos de esta enfermedad, relacionada con obesidad y diabetes tipo 2.

 Pese a ello, y a que la enfermedad hepática representa ya la quinta causa principal de muerte en México, con más de 19 mil fallecimientos registrados sólo en el primer semestre de 2025, Lazarus considera que sigue sin recibir la atención necesaria por parte de médicos y autoridades.

 «No se menciona la enfermedad. Es una enfermedad que está afectando a casi la mitad de mexicanos, y a más de la mitad de la gente con obesidad y con diabetes tipo 2», señala.

 El especialista recuerda que México figura entre los países con mayor prevalencia de sobrepeso y obesidad. Una de sus principales complicaciones es el hígado graso, que provoca fibrosis y puede evolucionar a cirrosis y cáncer hepático.

 Aproximadamente una de cada cinco personas con MASLD desarrolla una forma inflamatoria progresiva conocida como MASH.

 Además, la enfermedad hepática constituye la principal causa de cirrosis en los centros de referencia mexicanos, al representar el 42.8 por ciento de los casos registrados entre 2018 y 2024.

 Los investigadores proponen incorporar la salud hepática a las estrategias nacionales contra la obesidad y la diabetes, así como incluir pruebas de perfil o de función hepática en los análisis rutinarios de estos pacientes e integrar indicadores sobre este padecimiento en la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut).

 «Lo que tiene que entender la gente es que si tienes diabetes tipo 2 y tienes obesidad, y no te han hecho una prueba sobre el hígado, pues mal», resume Lazarus.

Aprueban fármaco

 Durante el Congreso Internacional sobre Obesidad también se anunció la aprobación en México de la semaglutida para el tratamiento de enfermedad hepática grave.

 Novo Nordisk, fabricante de Ozempic, informó que la autoridad sanitaria autorizó el uso de esta molécula, desarrollada originalmente para controlar la glucosa y ahora también para la atención del mal hepático.

 Aunque celebra la llegada de nuevos tratamientos, Lazarus insiste en que la prioridad debe ser la prevención mediante alimentación saludable, actividad física y evitar el consumo de alcohol, además de impulsar políticas públicas que faciliten esos cambios de estilo de vida.