Walter Olivera Valladares / @WalterOliverav
Cuando por un momento pensamos que es posible la armonía entre las naciones de América del norte, los hechos evidencian lo efímera de esta ilusión. ¡Qué pronto regresan los desencuentros!
Y es que la estampa de los mandatarios de México, Estados Unidos y Canadá en sana convivencia durante la recién concluida fiesta mundialista es ahora el instante para el olvido. Apenas el atisbo a una posibilidad fallida de reconciliación geopolítica.
Velozmente vuelven los amagos: Nuevos aranceles para Canadá; más persecución migratoria para México. Con ello retornamos al clima de hostigamiento permanente, a las estrategias defensivas… A la parálisis por desconfianza.
De vuelta a las hostilidades, esto cobra importancia para México que ya carga con las cruces de esa trágica lista de 18 indocumentados muertos -hasta el momento de esta redacción- a manos del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE por sus siglas en inglés).
El argumento es cumplir el mandato del presidente Trump para identificar, arrestar y remover a los extranjeros ilegales de las comunidades estadounidenses, especialmente a aquellos con antecedentes penales, según el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos bajo el cual opera el ICE.
Para nada es un tema menor. Hace unas semanas el propio Servicio de Inmigración y Control de Aduanas informó que realizó 238 arrestos en un solo día en el Valle del Río Grande, al sur de Texas, la cifra más alta registrada en esa zona fronteriza durante un operativo de la agencia.
Lo presumen como nuevo récord bajo el impulso a los operativos migratorios promovido por la administración del presidente Donald Trump. Aseguran que las detenciones, realizadas con apoyo de otras corporaciones son dirigidas a inmigrantes con antecedentes penales, pero organizaciones proinmigrantes alertan que también son detenidas personas sin historial criminal.
La controversia escala de tono a la más alta tensión bilateral por el aumento de la violencia en los operativos y la falta de transparencia en los protocolos de los oficiales migratorios.
Si bien es cierto que buena parte de las acciones tienen su epicentro en el Valle de Río Grande, la preocupación se extiende a toda la comunidad hispana por los casos de violencia letal que recientemente sumaron los fallecimientos del mexicano Lorenzo Salgado Araujo en Houston y el colombiano Joan Sebastián Guerrero en Biddeford, Maine.
Las exigencias de investigación frente a las muertes ocasionadas por el ICE siguen sin ser atendidas a pesar de las protestas de organizaciones defensoras de derechos humanos.
Mientras que las tibias argumentaciones del gobierno mexicano sólo generan ninguneo de las autoridades estadounidenses.
Específicamente cuando el alto funcionario de la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental, Michael Kozak devuelve las cartas diplomáticas enviadas por el gobierno de México en las que solicitaba el cese de los operativos del ICE y explicaciones por la muerte de migrantes bajo acciones y custodia migratorias.
En condiciones por demás tensas -según el funcionario- tal comunicación intentaba dirigir las acciones de su personal en territorio soberano de Estados Unidos lo que es inadmisible y pidió utilizar los canales diplomáticos habituales.
Claramente el ICE, por sus facultades para ejecutar órdenes administrativas, es una de las agencias más controvertidas del gobierno estadounidense. Sus operaciones se han intensificado significativamente a causa de las políticas de deportación masiva. Tampoco ofrecen pormenores sobre sobre las identidades de los detenidos ni los cargos específicos que les imputan.
La agencia defiende sus acciones como necesarias para mantener seguras a sus comunidades al remover a los extranjeros que carecen de fundamento legal para permanecer en Estados Unidos.
Sin embargo, los críticos de esta estrategia ven en los procedimientos del ICE y el endurecimiento fronterizo, un trasfondo racial y la obvia criminalización de la comunidad inmigrante, lo que consecuentemente ha polarizado a la opinión pública.
A final de cuentas el clima de agresividad aumenta, las tácticas de fuerza excesiva se intensifican y atestiguamos la grave escalada de hostilidad selectiva… La problemática migratoria se convierte en la prueba del retroceso hacia una sociedad quebrada.
