Guadalajara, Jalisco 6 julio 2026.- La Selección Nacional consiguió lo que pocas cosas logran en México: que la conversación dejara de girar en torno a los problemas del País y se llenara de entusiasmo.
En La Minerva, esa ilusión reunió ayer a 50 mil personas que soñaron juntas con una noche histórica, hasta que Inglaterra les recordó con el marcador final 2-3 que el futbol también sabe romper corazones.
«Dieron todo, no se les puede reclamar nada, pero duele porque será difícil que volvamos a vivir otro Mundial en México. Nunca habíamos visto una Selección así. Durante estas semanas se olvidaron las diferencias políticas; México fue uno solo», dijo Emmanuel Arellano, un aficionado que permanecía en La Minerva al borde del llanto.
«Esta Selección, en el México de hoy, ha jugado su mejor partido fuera de la cancha al entusiasmar a todo un País. Necesitábamos esta alegría y el buen futbol del equipo multiplicó ese entusiasmo», comentó Francisco Vázquez Mendoza, aficionado que ha seguido al Tricolor desde la década de los 70.
En el FIFA Fan Festival y alrededores había 40 mil 320 asistentes a las 21:00 horas, donde pese a la derrota destacaron que hubo ilusión.
«Esta Selección nos permitió volver a creer en México; por primera vez sentimos que podía pasar algo grande», señaló Héctor Domínguez.
Tanto en La Minerva como en el Centro tapatío, la fiesta también exigió despliegue médico: 60 atenciones, informó el comandante José Manuel Martínez Murillo, de Protección Civil de Jalisco.
Cuatro traslados fueron por intoxicación alcohólica, «principalmente jovencitos, menores», lamentó. Una mujer sufrió una herida en la cabeza por un objeto que voló, sin comprometer su vida.
La disposición de «cero tolerancia» que dictó el Ayuntamiento tapatío sobre la venta y consumo de alcohol en la vía pública para el partido quedó en promesa.
La Glorieta Minerva quedó cubierta por bolsas de plástico, latas de cerveza, botellas, vasos desechables y otros residuos esparcidos sobre el pavimento y las áreas verdes.
México se quedó a un paso de los Cuartos de Final en el que parecía ser el Mundial que marcaría la diferencia. Como pocas veces, la afición creyó que era posible. Al final, el «¿y si sí?» terminó convertido en un lapidario «Dream is over», como cantó John Lennon tras la separación de The Beatles.
Se paralizó la Ciudad
En Guadalajara, el México contra Inglaterra se vivió como una prueba de fe más que como un simple partido de futbol. Alrededor de 50 mil aficionados acudieron a la Glorieta de la Minerva y 40 mil 320 al Fan Festival tapatío.
En Plaza Guadalajara, frente a la Catedral, desde horas antes del silbatazo, entre espuma, disfraces y baile, cientos de aficionados llegaron convencidos de que México podía dar el paso a la siguiente ronda. El «¿y si sí?» se volvió una idea compartida.
Con el arranque, cada avance del Tri se sufrió con las manos en el aire y con el gesto repetido del «no es posible» dibujado en decenas de rostros. La tensión se convirtió en golpe cuando Jude Bellingham apareció al minuto 36 y al 38 para firmar un doblete que apagó de golpe la fiesta. La plaza quedó en silencio.
Solo el descuento de Julián Quiñones, al 42, rompió ese silencio sepulcral y desató un grito que parecía atorado en la garganta de todos. Plaza Guadalajara volvió a sacudirse, regresó el «sí se puede» y por un momento la remontada pareció posible. El descanso dejó una sensación extraña: México seguía abajo, pero la gente seguía creyendo.
En el segundo tiempo, la tensión creció con cada jugada. Un remate inglés que puso a temblar a la plaza confirmó que cualquier error podía sentenciar la noche, pero el penal convertido por Raúl Jiménez al 67 devolvió por unos minutos la certeza de que el empate podía llegar. El tiempo agregado se celebró como una última vida, pero el marcador ya no se movió y, con el silbatazo final, llegaron los pasos lentos, los abrazos silenciosos y la retirada cabizbaja de los aficionados.
Entre los aficionados, incluso cuando la plaza comenzaba a vaciarse y el silencio sustituía a los cánticos, más que hablar solo del marcador, varios prefirieron quedarse con lo que este equipo les hizo sentir.
«Estamos orgullosos de esta nueva generación de futbolistas; nos hicieron pensar que sí, que todo era posible, que México podía competirle de tú a tú a cualquiera y que este equipo sí nos representó», dijo Ezequiel Varela.
«Esta selección nos permitió volver a creer en México, por primera vez en mucho tiempo sentimos que podía pasar algo grande, que no veníamos nada más a sufrir y que de verdad podíamos ilusionarnos», señaló Héctor Domínguez.
No cesa apoyo
Los aficionados se mantuvieron atentos y esperanzados a la pantalla hasta el último momento, sin embargo, al término del encuentro alrededor de 10 mil personas se retiraron cabizbajos, pero tranquilos del Auditorio Benito Juárez.
Desde horas antes del partido se armó la fiesta y los gritos de los aficionados no cesaron durante todo el evento.
