Agencia Reforma

Ciudad de México 19 junio 2026.- El dron que apareció esta semana sobre el entrenamiento privado de la Selección de Corea del Sur en Guadalajara no sólo encendió alertas por un posible caso de espionaje deportivo, también exhibió una de las capacidades menos visibles del Plan Kukulkán, el dispositivo de seguridad diseñado por el Gobierno federal para proteger el Mundial 2026 y que tiene que ver con una la «guerra» contra drones.

 Mientras miles de policías, soldados y elementos de la Guardia Nacional vigilan estadios, hoteles y rutas de traslado, otro frente de batalla se desarrolla en el espacio aéreo de las tres sedes mexicanas del torneo.

 La aparición de un aparato no autorizado sobre la práctica del conjunto asiático obligó a la activación de los sistemas antidrones desplegados por las fuerzas federales.

 La propia Federación Coreana de Futbol informó que el aparato fue detectado por el equipo de seguridad de la selección y posteriormente neutralizado por elementos mexicanos que resguardaban el complejo deportivo de Verde Valle, en Guadalajara. El incidente incluso fue reportado a la FIFA.

 Según versiones difundidas por medios internacionales, el aparato fue interceptado mediante sistemas electrónicos que bloquearon su señal de navegación y control remoto antes de que pudiera acercarse a la zona donde el equipo realizaba trabajos tácticos.

 El caso se convirtió en la primera demostración pública de una capacidad que Defensa Nacional venía preparando desde meses antes del arranque del Mundial.

 Desde febrero, autoridades militares confirmaron que Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey contarían con escudos antidrones para proteger estadios, centros de entrenamiento, hoteles de concentración, aeropuertos y zonas de aficionados.

 El sistema forma parte del Plan Kukulkán, estrategia nacional de seguridad para la Copa del Mundo que contempla cerca de 100 mil elementos federales, estatales y privados desplegados en torno al torneo.

 De acuerdo con especialistas y documentos presentados por autoridades militares, la arquitectura antidrones opera en varias capas.

 La primera consiste en radares y sensores capaces de detectar aeronaves no tripuladas a varios kilómetros de distancia.

 La segunda emplea sistemas electrónicos de identificación para determinar si el aparato está autorizado o representa una amenaza.

 La tercera corresponde a inhibidores de señal capaces de bloquear las frecuencias utilizadas por los drones para comunicarse con sus operadores.

 Y la cuarta permite tomar control o forzar el aterrizaje de las aeronaves mediante interferencia electrónica.

 Para ello, el Ejército y la Guardia Nacional utilizan equipos semifijos instalados alrededor de sedes estratégicas, vehículos equipados con antenas y sistemas móviles de interferencia, así como dispositivos portátiles similares a fusiles que apuntan directamente al dron para interrumpir la comunicación entre el aparato y su operador.

 Las autoridades han evitado revelar marcas, alcances exactos o características técnicas de estos sistemas por razones de seguridad.

 Sin embargo, la Defensa Nacional ha reconocido públicamente que cuenta con equipos capaces de detectar, identificar e inutilizar drones que ingresen a espacios restringidos durante el Mundial.

 En los últimos años los drones han dejado de ser únicamente herramientas recreativas para convertirse en instrumentos utilizados para espionaje, vigilancia clandestina, introducción de objetos prohibidos e incluso ataques con explosivos en zonas controladas por grupos criminales.

 Por ello, la protección del espacio aéreo fue incorporada como una de las prioridades del Plan Kukulkán desde su etapa de diseño.

 Fuentes de seguridad vinculadas al operativo mundialista han señalado que varios drones han sido neutralizados por ingresar a zonas de seguridad establecidas alrededor de instalaciones relacionadas con el torneo, aunque las autoridades mexicanas no han hecho pública una cifra oficial de incidentes.

 La demostración más visible ocurrió en Guadalajara.

 Mientras Corea del Sur preparaba uno de los partidos más importantes de la fase de grupos, un aparato desconocido apareció sobre el centro de entrenamiento.

 Minutos después, desapareció del cielo.

 Para las autoridades mexicanas, el episodio no sólo evitó un posible caso de espionaje deportivo.

 También permitió mostrar, por primera vez ante los reflectores del Mundial, que la protección de las selecciones no termina en las vallas, los filtros de seguridad o los miles de elementos desplegados en tierra.

 También se libra a varios metros de altura.