Walter Olivera Valladares / @WalterOliverav
Luego de su vertiginoso triunfo en Venezuela y mientras aún esperamos el impredecible desenlace en Medio Oriente, el presidente Trump asegura que la dictadura cubana vive su último suspiro y espera tomar la isla amablemente.
¿Cuál es entonces la hoja de ruta que tiene preparada para poner fin al régimen castrista?
¿Es Miguel Díaz-Canel sacrificable? ¿Son ciertos los rumores de una negociación secreta entre los Castro y el gobierno de los Estados Unidos? ¿Lanzarán salvavidas a la élite comunista?
Mientras aclaramos dudas, Cuba es un país arrasado por más de 60 años de autoritarismo, pero luego de lo visto con los venezolanos no hay garantía de que la caída del régimen traiga la plena libertad.
Hasta ahora acabar con una dictadura en realidad puede significar el reciclaje de poder en el que viejos opresores se adapten y sobrevivan como ha sido el caso de Delcy Rodríguez en Venezuela y su alianza obligatoria con los Estados Unidos tras la captura de Nicolás Maduro.
Después de la orden ejecutiva que amenaza con sancionar a países que suministren petróleo a la isla, además que han sido cancelados los contratos de las brigadas médicas en el extranjero, los cubanos enfrentan una crisis marcada por apagones masivos, escasez general, presión internacional y aislamiento energético.
Con el 89% de su población empobrecida, sin luz por el colapso de las termoeléctricas, sin la entrada de recursos y sin combustible para transportar alimentos o enfermos, el totalitarismo cubano se ha quedado sin margen de maniobra y va en caída libre.
El régimen de Díaz-Canel enfrenta su mayor desafío al borde de un estallido social sin precedentes. La cúpula militar insiste en aferrarse al poder. Trump asegura que Cuba es la próxima ficha en caer y la transición resulta inevitable.
Los cubanos rumoran sobre sigilosos acuerdos entre los Castro y el secretario de Estado de Trump, Marco Rubio. Todo apunta a que el nieto predilecto de Raúl Castro, Guillermo Rodríguez Castro –El Cangrejo– Coronel del Ministerio de Interior y responsable de la seguridad de su abuelo, asumirá el rol de Delcy Rodríguez, en Cuba.
Entre otros puntos Guillermo estaría negociando el exilio de Díaz-Canel, Raúl Castro y su hijo Alejandro hacia México, España o Rusia, pues en definitiva no permanecerían en el país que durante 67 años gobernaron con opresión, tortura y hambre.
De ocurrir así, estaríamos frente a una transición con concesiones para los dictadores y sus secuaces, pero al menos el pueblo cubano tendrá posibilidad de lograr un cambio y entender que un país se gobierna con instituciones no con pasiones; que una sociedad organizada requiere estadistas no caudillos.
Es evidente que el comunismo en Cuba sólo provocó que el país se autocanibalizara hasta quedar literalmente arruinado, sin los antiguos patrocinios de Rusia, sin el respaldo de China, ni el petróleo de Venezuela y México, así como tampoco el dinero por la exportación de servicios médicos.
La estrategia de las brigadas de salud se vino abajo cuando países como Jamaica, Guyana, San Vicente y Las Granadinas, Antigua y Barbuda, Guatemala, Honduras, Paraguay y México, cancelaron la cooperación.
Sin soluciones mágicas para resolver la devastación, será muy difícil reconstruir infraestructura, pero analistas aseguran que el estado de catástrofe económica, política y humanitaria es tan grave, que Cuba no puede ser reconstruida necesita ser refundada.
En un país claramente arrasado por décadas de comunismo totalitarista urge recuperar una vida mínimamente digna para los ciudadanos, alimentos, viviendas, empleos, productividad, propiedad privada, sistema de leyes…
Las casi siete décadas de opresión soportadas por los cubanos tienen que ser aleccionadoras para entender que un país crece con base en instituciones no en promesas mesiánicas; que no se encubre la soberanía con demencia nacional. Que no ocurren cambios positivos con revoluciones inútiles; que sólo hay posibilidad de democracia con vigilancia, justicia independiente, sociedad y medios libres.
