Agencia Reforma

Teherán, Irán 28 febrero 2026.- El líder supremo iraní Alí Jamenei, cuya muerte fue anunciada ayer por el presidente estadounidense Donald Trump, fue un estratega hábil que nunca dudó en recurrir a la represión y que superó muchas crisis al frente del sistema teocrático de la república islámica.

Jamenei dominó Irán desde que asumió el poder en 1989, sucediendo al fundador de la república islámica, el Ayatolá Ruholá Jomeiní.

A lo largo de décadas, reprimió brutalmente protestas, como la movilización estudiantil de 1999 y las manifestaciones masivas desencadenadas en 2009 por unas controvertidas elecciones presidenciales.

El líder supremo tuvo que esconderse durante la guerra de 12 días, en junio de 2025, provocada por un ataque sin precedentes de Israel, su enemigo acérrimo, que puso de manifiesto la profunda penetración de los servicios de inteligencia israelíes en las estructuras iraníes.

Pero Jamenei sobrevivió a los ataques y apareció desafiante como nunca ante ante la nueva ola de protestas que sacudieron al país a comienzos de este año, cuya represión se saldó con miles de muertos, según varias oenegés.

CARRERA POLÍTICA

Jamenei, hijo de un imán, nació en el seno de una familia pobre. Su activismo político contra el sah Reza Pahlavi, apoyado por Estados Unidos, le valió pasar gran parte de los años de 1960 y 1970 en prisión.

Según su biografía oficial, sufrió graves torturas en 1963, cuando, a los 24 años, cumplió la primera de sus numerosas condenas de prisión por actividades políticas bajo el régimen del sha.

Su lealtad a Ayatolá Jomeiní fue recompensada en 1980, cuando se le confió la importante tarea de dirigir las oraciones del viernes en Teherán.

Elegido Presidente un año más tarde tras el asesinato de Mohammad Alí Rajai, en un principio no se le consideraba el sucesor natural de su mentor.

Sin embargo, poco antes de su muerte, este último destituyó al favorito, el Ayatolá Hossein Montazeri, quien había denunciado las ejecuciones masivas de miembros del grupo Muyahidines del Pueblo y otros disidentes.

Jamenei ganó la presidencia con el apoyo de Jomeini, pero fue una elección sorpresa como sucesor cuando murió el líder supremo, ya que carecía tanto de su popularidad como de sus credenciales clericales superiores.

Karim Sadjadpour, de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional, afirmó que ese «accidente de la historia» había transformado a un «Presidente débil en un líder supremo -inicialmente débil- en uno de los cinco iraníes más poderosos de los últimos 100 años».

Se cree que Jamenei tiene seis hijos, aunque sólo uno, Mojtaba, tiene relevancia pública. Incluso, fue sancionado por Estados Unidos en 2019 y es una de las figuras más poderosas entre bastidores en Irán.

REACOMODO

El líder supremo en Irán tiene la última palabra en todos los asuntos de Estado y la influencia de Jamenei se ha ejercido a menudo a través de sus asesores más cercanos, pero tras los ataques de ayer no está claro cuántos de esos altos cargos han sobrevivido.

Públicamente, Jamenei nunca nombró a un sucesor. Su hijo, Mojtaba Jamenei, ha sido considerado en ocasiones como un posible candidato, así como el nieto de su predecesor, Hassan Jomeini. Sin embargo, ninguna de las figuras restantes goza de la reputación o la influencia de Jamenei.

La Agencia Central de Inteligencia de EU evaluó incluso que Jamenei podría ser reemplazado por figuras de línea dura del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), una fuerza militar élite, aseguraron dos fuentes al tanto de información de inteligencia.

Otros reportes señalan que en junio pasado, Jamenei nombró a tres candidatos que podrían ser designados para sucederlo.

Según entrevistas con funcionarios iraníes, estos serían el jefe del Poder Judicial, Gholam-Hossein Mohseni-Eje’i; el jefe de gabinete de Jamenei, Ali Asghar Hejazi, y Hassan Khomeini, clérigo moderado del sector reformista y nieto de Jomeini.