Ciudad de México, 15 febrero 2026. – El flujo migratorio entre México y Estados Unidos no es solo un fenómeno social, es el corredor más grande del planeta. Según Juan Carlos Barrón, director del CIALC-UNAM, se estima que más de 11 millones de mexicanos residen actualmente en territorio estadounidense, una cifra que evidencia la interconexión crítica entre ambas naciones.

Durante la Décima Conferencia Regional de Trabajo Social y Movilidad Humana, el especialista advirtió que, pese a esta realidad, el tema migratorio sigue siendo el «gran ausente» con reglas claras en el tratado comercial de Norteamérica, abordándose más como una bandera ideológica que como un sistema de gobernanza regional.

«Hoyos estadísticos» y crisis humanitaria

Uno de los puntos más alarmantes señalados por Barrón es la falta de transparencia en las cifras. Existen discrepancias de miles de personas entre los registros de detenciones en EE. UU. y las llegadas oficiales a México. Estos «hoyos estadísticos» sugieren la desaparición de migrantes en procesos legales cuestionables, lo que el académico califica como una auténtica emergencia humanitaria.

La frontera se multiplica

El análisis universitario sugiere que la frontera ya no es una línea geográfica al norte o al sur de México, sino que se ha atomizado. Los puntos de arresto y deportación se han multiplicado por todo el territorio mexicano y estadounidense.

·         Cifras de impacto: Se registran cerca de 170 mil arrestos anuales y 65 mil deportaciones.

·         Uso político: En EE. UU., las acciones migratorias se utilizan como «castigo» contra ciudades santuario (como Los Ángeles o Chicago) de filiación demócrata.

Un espectro de movilidad

Barrón enfatizó que no existe un solo tipo de migrante. El flujo incluye desde profesionales con visas hasta desplazados forzados y solicitantes de asilo. Esta diversidad exige respuestas diferenciadas y una política que deje de lado el «antimexicanismo» para enfocarse en la protección de los derechos humanos y la gestión de un ecosistema que impacta a todo el continente.

Fuente UNAM