Agencia Reforma
Monterrey, NL 8 febrero 2026.- En los 4 kilómetros que nadó hasta la orilla para pedir auxilio para rescatar a su madre y a sus pequeños hermanos varados en el mar, un hecho que impresionó y dio la vuelta al mundo esta semana, el adolescente Austin Applebee no sólo demostró fuerza física, sino también una gran fuerza mental.
Resistir esta distancia durante cuatro horas y en medio de las grandes olas del mar frente a Quindalup, al oeste de Australia, fue una hazaña en la que tuvo mucho que ver algo más que resistencia y saber nadar: la concentración, una capacidad que muchos consideran que los adolescentes están perdiendo con el alto consumo de redes sociales.
Detrás de esta noticia hubo claridad y seguridad en las decisiones, destacaron especialistas en la psicología adolescente, además de regulación de emociones y confianza en lo que un miembro de la familia puede hacer.
«Sólo pensaba: ‘sigue nadando, nada, nada, nada’», declaró el joven de 13 años de edad en una entrevista a los medios. A su lado estaban su madre y hermanos.
«En un momento pensé en ‘Thomas the Tank Engine’ (una serie infantil animada), tratando de traer las escenas más felices a mi cabeza».
La especialista en psicoterapia adolescente Martha Patricia Zavala destaca la confianza que reflejan las declaraciones de Austin en las entrevistas.
«Me parece que sus palabras indican una confianza básica en sí mismo. Él tenía muy clara su tarea y sabía que tenía que cumplirla si quería salvar a su familia», comenta Zavala.
«Me impresionó gratamente que para animarse y reconfortarse recurriera a una caricatura (Thomas the Tank Engine), que tratara de pensar en cosas buenas y no dejarse llevar por la desesperación».
Joanne Appelbee, de 47 años, junto con Austin y sus hermanos Beau, de 12, y Grace, de 8, daban un paseo en kayak cuando fueron arrastrados al mar debido a los vientos.
Se habían alejado a la deriva y pasaron hasta 10 horas en el agua.
Joanne dijo a los periodistas que, ante la situación, decidió enviar a su hijo mayor, Austin, en busca de ayuda porque no podía dejar solos a los otros dos chicos.
«Una de las decisiones más difíciles que tuve que tomar fue decirle a Austin: ‘intenta llegar a la orilla y busca ayuda. Esto podría volverse muy serio muy rápido’», contó.
«Todo pasa por tu cabeza como mamá: ¿cometí un error con esta decisión al mandarlo? Al mismo tiempo, sabía que él podía lograrlo».
CONFIANZA EN LA FAMILIA
Para Zavala, tanto Austin como su madre demostraron claridad en lo que tenían que hacer si querían sobrevivir: había que pedir ayuda. También destaca que en ellos prevaleció la esperanza a pesar de las condiciones.
«Un factor para que salieran de esta situación es la confianza básica que se construye en etapas tempranas de la vida», comenta la psicoterapeuta. «El chico sabía que podía lograrlo y la mamá menciona que, aunque estuvo asustada, sabía que su hijo podía hacerlo.
«Esa es una enseñanza muy valiosa: puedes estar asustado, tener miedo y, aún así, tener la capacidad de solucionar los problemas».
En esta familia parece predominar la confianza, observa Zavala, tal vez demasiada al animarse a salir en kayak una adulta con tres menores de edad.
«Creo que otro factor es la claridad de pensamiento y la creatividad», señala. «Él pudo pensar en lo que tenía que hacer y cómo conseguirlo, por ejemplo, cambiar de estilo de nado para no cansarse».
Y es que Austin declaró que entre las enormes olas tuvo que alternar su técnica de nado para sobrevivir. Lo hizo de pecho, estilo libre y de espalda.
«¿Cómo se consigue eso (encontrar soluciones)? Con una crianza en la que no le resuelves todo a tus hijos (como la sobreprotección que ejercen los llamados padres ‘helicópteros’), sino que los invitas y acompañas a que encuentren una solución, a que sean capaces de ver opciones».
En su consulta, continúa Zavala, ve frecuentemente que los padres no suelen esperar nada de los adolescentes, o se espera algo negativo, por ejemplo, que no se metan en problemas o que no se embaracen.
DECISIONES PARA SOBREVIVIR
Román Martínez, psicólogo que durante cinco años ha dado acompañamiento socioemocional a estudiantes de preparatoria, considera que las palabras de Austin en las entrevistas reflejan fuerza mental al ser claras frases de automotivación y de focalización hacia una meta.
«La fortaleza mental implica una adecuada regulación emocional para establecer las estrategias más convenientes que permitan lograr el objetivo.
«Ante el miedo, incertidumbre o angustia que pudo haber sentido, Austin optó por decirse frases y/o palabras que lo motivaran a seguir, optó por alimentar su mente de pensamientos positivos y optó por pensar en las personas que ama y son importantes para él».
Al lograr llegar a la orilla, el joven pudo, por fin, pedir auxilio. Un helicóptero de búsqueda encontró a la madre y a los dos niños con chalecos salvavidas y aferrados a una tabla de remo, dijo la Policía.
La hazaña fue más allá de un instinto de supervivencia. El conocido como estado de lucha-huida estuvo presente, señala Martínez, al referirse a la respuesta de estrés agudo, una reacción automática del ser humano ante amenazas y que prepara al cuerpo para combatir o escapar.
«Creo que los hechos se explican por algo más complejo que solo el instinto», apunta.
«Austin no solo reaccionó, sino que evaluó situaciones, tomó decisiones y reguló emociones, lo cual implica procesos avanzados de conciencia, razonamiento, voluntad y propósito».
Por su parte, Joanne, la madre, también demostró fortaleza mental.
«No actuó desde el pánico, sino que tomó decisiones bajo ciertos criterios que involucraban mente y corazón. Además de que su petición a Austin fue una clara expresión de la confianza en las capacidades de su hijo aun en situaciones de riesgo y alta tensión».
Existen innumerables factores internos y externos para que un adolescente desarrolle una fuerza mental, señala Martínez.
«Yo destacaría una sana autoestima y autoconocimiento, seguridad y solidez de vínculos afectivos, inteligencia emocional, modelos a seguir definidos a sus valores y el desarrollo de un propósito o sentido de vida», comenta el psicólogo.
Además de esta lección de fortaleza, hubo otra muy importante: la necesidad de ser precavidos en los paseos.
La organización Marine Rescue Busselton, en Australia, felicitó el rescate, al mismo tiempo que pidió a los paseantes en kayak y paddle tener en cuenta, en sus recorridos, los fuertes vientos de esta época del año.
