Park City, Utah. – En Sundance no todo fue alfombra roja, aplausos y estrenos indie. Este año, el festival se convirtió también en un espacio de protesta, donde el cine se mezcló con el enojo social y la exigencia política.

Olivia Wilde, Natalie Portman y Jenna Ortega entendieron algo básico: si tienes el micrófono, úsalo. Y lo hicieron. Frente a cámaras, colegas y asistentes, las actrices alzaron la voz contra el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), señalando el uso de la violencia y la criminalización sistemática de personas migrantes.

No fue un gesto aislado ni improvisado. En los pasillos, en la alfombra roja y fuera de las salas, comenzó a circular un mensaje claro: “ICE OUT”. Pines, pancartas y consignas se hicieron visibles en un festival que históricamente ha sido político, pero que esta vez decidió no disimularlo.

Jenna Ortega fue directa al hablar de la contradicción que se vive: celebrar cine, vestidos y aplausos mientras, a pocos kilómetros, hay familias destrozadas por la violencia institucional. Para muchas y muchos dentro del festival, esa frase resumió todo.

Natalie Portman y Olivia Wilde, con trayectorias distintas pero una postura clara, reforzaron la idea de que el arte no puede ser neutral cuando se trata de derechos humanos. No se trata de convertir el cine en discurso, sino de aceptar que las historias que se cuentan en pantalla tienen raíces en la vida real.

Esta edición de Sundance dejó claro que el festival no solo proyecta películas incómodas, también abre conversaciones incómodas. Y en tiempos donde el silencio suele ser más cómodo que la postura, varias figuras del cine decidieron no quedarse calladas.

Porque a veces, el verdadero estreno no está en la pantalla, sino en atreverse a decir algo cuando todos están mirando.