“Mientras la pobreza, la injusticia y las desigualdades flagrantes persistan,

ninguno de nosotros puede descansar”.

Nelson Mandela

El fenómeno de la desigualdad social nos ha acompañado históricamente, sobre todo en América Latina, región con la mayor brecha entre los deciles, los cuales definen el ingreso de las personas. Es preciso aclarar que no estamos hablando de pobreza, la cual es la incapacidad de adquirir bienes y que puede aminorarse con incrementos salariales.

 El caso mexicano es singular, ya que, “uno de cada cinco milmillonarios de América Latina es de México, muchos de ellos por haber heredado parte o toda su riqueza en un país en el que, pese a las desigualdades históricas, no existe nada parecido a impuestos a la riqueza ni a las herencias” (La Jornada20/enero/26, p.13).

 El informe regional de Oxfam, en voz de Alejandra Haas, directora ejecutiva, recogido por La Jornada, “México se caracteriza porque, a diferencia de otros países donde las listas de magnates se van modificando cada dos o tres años, aquí las fortunas prácticamente no se mueven, y si lo hacen es para cambiar de nombre, pero no de apellido”. Una reforma fiscal redistributiva puede ser una salida coyuntural para encarar los groseros contrastes sociales, aunque no resuelve los factores estructurales.

 En el informe de Oxfam titulado “Riqueza sin control, democracia en riesgo. Por qué América Latina y el Caribe necesitan un nuevo pacto fiscal”, se afirma que nuestra región recauda poco, de forma injusta y profundiza la desigualdad extrema. El ejemplo plástico de lo anterior es que, “mientras 50 por ciento de la población deja 45 por ciento de sus ingresos en impuestos, 1 por ciento contribuye con una quinta parte de ingresos, mas no de su riqueza acumulada”, apunta el informe.

 La funcionaria de Oxfam enfatiza que “México es uno de los peores recaudadores de América Latina y es en lo fiscal donde pueden verse más claramente las presiones del poder económico al poder político”. La definición expuesta no puede ser más precisa, si nos atenemos a lo declarado recientemente por la presidenta Sheinbaum: “en 2026, el gobierno federal se concentrará en combatir la corrupción de factureras y en aduanas a fin de recaudar casi 500 mil millones de pesos más” (La Jornada20/enero/26, p.5).

 ¿Cuándo habrá una reforma fiscal que grave la riqueza acumulada? La alianza del morenísimo con los ultra ricos es evidente. El discurso justiciero de la Presidenta es vacío y demagógico. Privilegios para las minorías y migajas para las clases subalternas. Una izquierda con disfraz social, pero práctica neoliberal. Los ultra ricos están felices. La desigualdad ya hizo metástasis.