UNO MENOS
Salvador Farfán Infante
Las relaciones entre hombres y mujeres están marcadas por abusos de poder, que son casi imperceptibles, y que tienen la finalidad de mantener una relación asimétrica y desigual entre ambos. Estos “microabusos”, Bonino (1999) los denomina “micromachismos” y son empleados para mantener el control sobre las mujeres. En la mayoría de las ocasiones, ellas aceptan estos abusos y se someten porque lo ven “normal”, por no discutir, por cansancio, porque vivieron la misma situación en su familia de origen y así lo aprendieron, o porque realmente están convencidas de que su papel es de servicio y entrega hacia los demás.
Que los hombres no participen en las labores domésticas, como tender la cama, barrer, lavar trastos, hacer la comida, es una forma de violencia, que sobrecarga de trabajo a las mujeres, quienes en muchas ocasiones contribuyen a la economía en iguales circunstancias.
En este sentido, es frecuente encontrar familias en las que ambos cónyuges son proveedores; sin embargo, todas las tareas de la casa, incluyendo el cuidado y la educación de los hijos, se delegan únicamente a la mujer, obligándola a una doble, y a veces triple, jornada de trabajo. Estas mujeres están acostumbradas a servir a los demás y no dejan tiempo para sus propios intereses: el cuidado de su salud, sus aspiraciones y gustos personales.

Esta escena es frecuente: la pareja regresa a casa después del trabajo:
Él: Vengo cansadísimo y muerto de hambre.
Ella: Yo también, ahora mismo preparo la comida.
Él: Sí, ¿en qué te ayudo, mujer?
Ella: Pon la mesa.
Él: Mientras prepárame un vaso de agua fresca, vengo muerto de sed.
Ella: Sí, claro.
Él: Veré las noticias en la televisión y me pondré las pantuflas.
Ella: (Prepara la comida, lava algunos platos, revisa si hay mensajes en la contestadora del teléfono, le lleva el vaso de agua, pone la mesa y lo llama a comer).
Él: Mi vida, ya pusiste la mesa, me entretuve con las noticias… ah, qué bien huele esto, por eso te amo mi vida, tienes cinco manos, todo lo haces y bien.
Ella: (…sin palabras).
Descubrir este tipo de maltrato casi invisible, necesariamente incomoda a los implicados; sin embargo, la transformación de este tipo de relación, por dolorosa que resulte, surge precisamente del reconocimiento de esos “pequeños abusos”. La identificación de esas situaciones lleva a construir relaciones más equitativas y de cooperación con las mujeres.
La reorganización de responsabilidades, los acuerdos permanentes, el hacer visibles los actos de control y dominio y el poner límites a los abusos, propiciará relaciones más equitativas entre la pareja y con los hijos. Es una creencia errónea atribuir sólo a las mujeres la responsabilidad de las tareas domésticas y a los hombres la economía del hogar. Ambos pueden participar por igual en todas las funciones.
Fuente: Violencia Familiar y Adicciones. CIJ
