San Luis Potosí vive una crisis hídrica insoportable, pero el alcalde viajero Enrique Galindo Ceballos prefiere minimizar el problema. A pesar de múltiples denuncias ciudadanas, Galindo califica como mera “percepción” el hecho de que muchas familias no reciban agua en sus hogares, incluso cuando las protestas se han vuelto constantes.
La realidad es más grave de lo que el alcalde admite. Según el informe trimestral de INTERAPAS, sólo se atendió el 54 por ciento de las fugas reportadas en el primer trimestre de 2025, lo que refleja una alarmante negligencia en la reparación de infraestructura hidráulica clave. Galindo denunció sabotajes en válvulas, cortes de luz a pozos y robos de agua, pero hasta ahora parece apuntar con el dedo antes que asumir responsabilidad.
Para colmo, el robo de agua clandestino está lejos de controlarse, según en la propia admisión del alcalde viajero, aunque esta aseveración se deriva justamente de la inoperancia de su “polisía” municipal, lo que debilita aún más la gestión del recurso.
No basta con activar protocolos de emergencia como dice Galindo; lo que se exige es un plan estructurado y serio de estabilización del sistema hidráulico, mejoras en la red, sanciones efectivas al huachicol hídrico y vigilancia real de la calidad del agua. Hasta ahora, su “respuesta inmediata” se queda en declaraciones, mientras la sed de la ciudad sigue creciendo.
