San Luis, SLP, 3 septiembre 2025.- Lejos de asumir con seriedad la crisis financiera que enfrenta la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP), el rector Alejandro Zermeño Guerra se aferra a blindar los recursos de la institución bajo el discurso de la “autonomía universitaria”, negándose sistemáticamente a que sean auditados. Su postura no solo refleja un desprecio hacia la transparencia, sino que abre la puerta a la sospecha de un manejo discrecional y poco claro del presupuesto, mientras los pasivos de la universidad se disparan.

El propio Zermeño ha reconocido que, de seguir la tendencia, la UASLP cerrará el año con una deuda de 300 millones de pesos. En lugar de rendir cuentas sobre cómo se llegó a este escenario, el rector prefiere culpar al gobierno estatal y federal por retrasos en la entrega de recursos, eludiendo cualquier responsabilidad interna. A la par, exige más dinero para cubrir nómina y mantenimiento, pero rechaza tajantemente la fiscalización, como si el dinero público que recibe la universidad fuese un patrimonio privado.

Ejemplo de lo anterior es el edifico de la Facultad de Ciencias ubicado en la zona de El Pedregal de la capital potosina, el cual presenta severos daños estructurales después de ser construido bajo sospechosos contratos firmados con injerencia de la corrupción interna de la universidad; ahora, Zermeño Guerra exige que lo repare el Gobierno del Estado después de asegurar que él no cuenta con el recurso suficiente para hacerlo, aunque no explica dónde paran todos los ingresos que recibe la institución. 

El discurso de la “defensa de la autonomía de gestión” se ha convertido en el escudo perfecto para Zermeño. Sin embargo, la autonomía no significa impunidad ni opacidad. La negativa a abrir los libros de la universidad refuerza la percepción de que el rector utiliza la institución como un bastión de poder personal, más preocupado por proteger intereses internos que por sanear las finanzas o garantizar un manejo eficiente de los recursos.