Monterrey, NL 4 agosto 2026.- El «gasto rígido», es decir, las erogaciones que difícilmente pueden recortarse en el corto plazo, como las pensiones, programas del Bienestar y el costo financiero de la deuda, representó el 67.8% de los ingresos tributarios del País (por ISR, IVA, IEPS e importaciones) al primer semestre de este año, 15 puntos porcentuales más que en el inicio de la 4T, en el 2018.

De acuerdo con un análisis de Grupo Financiero Base, con cifras de la Secretaría de Hacienda, en el primer semestre del 2026 este gasto sumó 2 billones 9 mil millones de pesos.

«Se toma el 2018 como año de referencia por ser el inicio de la Administración de Andrés Manuel López Obrador (cuando el «gasto rígido era de 52.5%) y la línea base previa a la expansión de las pensiones no contributivas y los programas para el Bienestar, que son los que más han incrementado la ‘rigidez'», expuso.

Si se consideran todos los ingresos presupuestarios, que incluyen además los no tributarios y los petroleros, la proporción del «gasto rígido» fue del 47% en el primer semestre, anotó.

Respecto a las pensiones contributivas, como las del régimen del IMSS e ISSSTE, Grupo Financiero Base señaló que éstas derivan de derechos adquiridos y enfrentan una creciente presión demográfica.

Mientras que las pensiones no contributivas -principalmente las que ofrece el Gobierno con sus programas del Bienestar- cuentan con respaldo constitucional desde el 2020, y tienen una alta importancia política debido a su amplia cobertura.

Detalló que las pensiones no contributivas comprenden la Pensión de las Personas Adultas Mayores, que registró un gasto de 259.3 mil millones de pesos en el primer semestre del 2026; la Pensión para las Personas con Discapacidad, de 14.9 mil millones, y la Pensión Mujeres Bienestar, que acumuló 24.7 mil millones de pesos. En conjunto, sumaron 298.8 mil millones.

«A diferencia de las contributivas, éstas se financian con recursos fiscales y no con aportaciones previas.

«En este contexto, el ajuste del gasto recae principalmente sobre los componentes discrecionales, en particular la inversión física», señaló Base.

Detalló que el «gasto rígido» se compone en un 41% por las pensiones contributivas, el 35% lo representa el costo financiero, el 15% las pensiones no contributivas y 9% los programas para el Bienestar.

«El componente de mayor crecimiento son las pensiones no contributivas, que aumentaron a una tasa anual compuesta de 35.6% entre el 2018 y el 2026.

«Conforme este gasto gana participación, se reduce el margen para ajustar sin recortar la inversión pública, que es justo lo que ha ocurrido en los últimos dos años», advirtió Base.